
Hace unos cuántos días me preguntaba si de verdad existían los demonios. Es curioso imaginar que existiera un mundo del más allá detras de nosotros, conviviendo con nosotros, tal vez tocándonos los talones, pellizcándonos los pies,hurgándonos la nariz.
El mundo desconocido, en donde por supuesto deben estar los demonios, es un verdadero enigma, algo que se plantea inconmensurable, quizá del tamaño del universo. Imagino que pudieran convivir allí mundos mucho más grandes que el nuestro,la población de gente muerta es mucho mayor que la de la gente viva, que ahora, aquí, pernocta en este tiempo histórico de este planeta que se llama tierra.
Pero los demonios tienen que ser algo distinto a un simple espíritu que deambula errante en el sempiterno más allá. Los demonios deben tener una maldad generosa, una deformidad asqueante, y sobre todo deben inspirar un miedo terrible a cualquier especimen que no sea de su especie que se cruce con ellos.
Los demonios tal vez podrían estar en estos mundos imposibles del más allá o quien sabe si también hay demonios diferentes que permutan su capa o disfraz y que terminan siendo seres de caras angélicas con aureolas incorporadas y todo.
Creo que habrán también demonios vivos, corpóreos, en el aquí histórico, que hacen maldades y destrozan almas muertas, vivas, por el infinito tiempo. Me atrevo a decir entonces que en algún momento todos hemos sido demonios, si, en nuestras intimidades, cuando nadie es capaz de vernos, en el compás indetenible de nuestros pensamientos. Demonia soy yo y tu, el ser humano es así, malo y bueno, demoníaco.
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